lunes, 2 de julio de 2012

Stars


Había bastado la sobremesa ya hacían unos cuantos vasos de vino. Ella manipulaba una copa espesa dando besos a la luna mientras vestía un vestido de voile estampado con entalle en la cintura. Él, sospechaba que su actitud era lo suficientemente justa pero lo espantosamente verdadera como para alejarla, a ella, distante y apasionada.

Bajo los pies temblorosos de ambos, una alfombra color bordó con estrafalario decorativo rococó promovía aún más la espantosa escena de una pareja que nada tenía que ver con lo normal.

Lo normal es relativo, dijo el. Y ella sonrió acomodando una mueca de irresistible encanto. Su cabello transmitía los rayos de luz que la habitación mezquinaba, y la sonrisa de él, apaciguaba la terquedad y la soberbia cargada de ese ambiente efímero y salvajemente suave.

Ella provenía de una familia de tipo común, tenía un padre del cual había heredado algún que otro propósito de vida, como la moral o como el cuidado hacia las normas de tránsito. . . y una madre de la que no había calcado parecido alguno; sus gestos físicos podrían ser quizás opuestos y ni siquiera sus gesticulaciones podrían acercárseles a las de una dama con acento presuntuoso, sus rasgos no eran en absoluto pares y es que ella no había sido genéticamente parecida, de no ser por el caminar . . . la manera de deslizar su andar por los suelos de sus tierras y esa manera altiva de recorrer los caminos ajenos, era lo único, pero lo único, que había de tener de parentezco.

De él no podíamos arrancar una sola frase sin decir quizás. Era tan poco probable pero altamente capaz. Dudar de todo. Titubear. Con él nada parecía coordinar. Era tan fuera de lo común. Estaba más cerca de lo que vive una persona dentro de un cinema o bajo una parra en algún domingo de septiembre, bajo lluvia de flores, que todo escapaba a los sentidos, y por ende, a la razón. Fluctuaban entre el desasosiego del artista y la calma del que no siente nada, emociones somnolientas de madrugada, en medio de una estela de paz satírica y fugaz fascinación. . .era temprano siempre, pero la luna sangraba su último camuflaje y brillaba a través de ese cabello, prometiendo que quizás, y sin que nadie  necesariamente lo advirtiese, el tiempo era lo que hacía posible cada posibilidad de lo tangible, cada sonido, cada temblor. Sobre los hombros de él, ella cargaba una rica pasión, tormentosa de besos y química para regalar.

Ambos provenían de un lejano país comunista con políticas lo suficientemente radicales como para no caer en un existencialismo fatal, el del abismo atiborrado de espacios morados donde abanicar una selección de armas de fuego, en ligas de terciopelo blanco balanceadas por el susurro del viento en el balcón de corrientes, el del departamento de la abuela, herencia única de familia, y perfecto lugar de placer para dos personas de no mas de tres décadas de edad, en la cual una condescendiente brisa sería todo lo necesario para arrancar amando la mañana que en vida efímera se había convertido hacia ya unos momentos atrás  en los cuales las ultimas estrellas renegadas habían dejado de habitar el paisaje nocturno que había de esfumarse paralizando el cielo en un celeste fresco, con aromas de frutos de bosque y jungla, como las tan parecidas moras mojadas por el rocío que la madrugada había esbozado con tanta naturaleza encima. . .  no había tiempo para fatalismos ni para decir amor, era momento de limones amargos y sabor a algodón  pero teniendo dentro la paz, y la sobriedad de un amor que de costado estaba siempre fijo, ya no habían momentos morados, ni para el loco de amor. . . el del que lo deja todo por un solo momento más. Estaban los dos solos y había que inventar la vida del modo que los poros de ambos seres lo permitiesen . . . se durmieron olvidando la mañana. . . Mientras ella escondía tras de su quietud la lealtad, y él hacía un ritual con su voz, disfrazando el lugar con un terciopelo metálico, del color del hielo pero más tibio que eso.





No llevo puesto paracaídas. ¿Vos? 
¿Cuánto tiempo esperás para venir a buscar lo que es tuyo? 
Tal vez, no sea tuyo en realidad.

viernes, 8 de junio de 2012

La Rata


Adentro de la fábrica había un silencio. Las voces todavía apagadas resoplaban por los polvorientos pisos del lugar. Sabanas deshilachadas flameaban con una brisa quejosa de viento norte, desgarrándose sobre las sillas intactas y quietas. Entre grisáceos y pasteles se dilucidaban la tela de araña incrustada sobre restos de sustancias sobre las paredes, y el chillar de alguna que otra rata molesta, inmiscuida en lo más mínimo de cada porción de ese lugar.

Hubiera jurado que veía lúcidamente nuestro destino: una mesa redonda de medianoche jugar póker. Acompañados por interminable whiskey, humos y mucho oro. Por las paredes verde musgo, discos de vinilo acompañarían el adornado, junto a cuadros enmarcados en madera rústica, una foto muy antigua y una lámpara colgante. Un tocadiscos de los años sesenta haría la cortina de fondo de cualquiera de nuestros encuentros.
Una sombra negra apareció repentinamente, era grande y pesada. No se habían escuchado ruidos previos pero como nunca tardaba él en llegar, no me preocupé. Era, como lo sospechaba, él. Cuando llegaba era rápido en cualquiera de sus actividades, apurado y alborotado. Nada sobrio pero sincero, sincero al punto en que la honestidad molesta y hace ruido.


Después de sentarse la chaqueta era lo primero que despojaba de su cuerpo para apoyarla en el respaldo de una silla de madera sobre la que se sentaría durante toda la noche. Se acomodaba apoyando los codos sobre la mesa al costado de su juego contando sus fichas en un reojo embustero detrás de  su intento ingenuo en que nadie lo notara, dilucidando su panorama de juego falaz.
No habían ventanas en el lugar, cerrado como era hacía que el humo interfiera para respirar cómodamente, pero todos los presentes tenían un cigarro en la boca el cual sostenían con sus labios o sus dientes, señal que daba a pensar que yo era la única interesada en la famosa cuestión. No me importaba.  Salí a tomar aire por la puerta lateral que da al vecino, el que de medianoche dispara unos cuantos tiros con su rifle de aire comprimido hacia el cielo. Afortunadamente no lo crucé. No crucé más que a dos pequeñas lagartijas que se iban directo hacia unos tachos de basura recostados contra la pared, al lado de un portón pesado de rejas reforzadas. Hacía frío. Yo lo sentía. Sentía como las olas de brisa congelada atravesaban mis pulmones y contagiaban a los conductos que relacionan a estos con mi cuerpo para terminar retorciéndolo de dolor. . . después de temblar sin haber conseguido el calor, caminé hasta el pasillo que me conduciría otra vez, hasta la mesa redonda de gente fumadora.


Cuando penetro el hábitat de toda esa gente nadie advierte mi situación de haber regresado. Todos siguen ensimismados en su propio porvenir de fortuna de medianoche. Una de las pocas mujeres que había simula mirar detrás del hombre que estaba sentado a su lado y eso me pareció impertinente. Para que tanto simulacro, si al fin de cuentas se trataba de mi. ¿Qué acaso no se daba cuenta que perdía en personalidad y carácter fingiendo de tal manera? Estaba comenzando a ser muy puntillosa. Señal perfecta de que algo estaba por pasar.
Uno de los muchachos decidió sentirse mal, ya para las cuatro y media de la ya apesadumbrada madrugada. Calculo que lo decidió porque en el juego iba perdiendo. Yo no jugaba, era la única que miraba todo desde un sillón forrado en cuero al costado de un perchero viejo con terminaciones en fino bronce.
El juego era claro. . . una de mis debilidades. Pero mi acompañante esa noche solicitaba jugar por su cuenta, incitando con ideas raras, que yo no participara y que en lo posible genere una actitud de mala jugadora en el caso de interrogaciones casuales ya en el lugar.
En otros tiempos hubiese retozado y enojada me hubiese fugado por la tangente. Pero no podía dejar de comparecer a semejante pedido. Me sentía cómplice al menos en una mentira, que de cuerda hasta el momento no tenía nada, pero como la compartíamos, me hacía sentir privilegiada. Sentía que tenía algo de él, aunque sea un pedazo de su falacia, aunque sea un pedazo de su disfraz. Jugábamos con los personajes que creábamos en nuestra simultánea realidad, ficticia como aparentaba pero nos gustaba. Antes de ponerme rebelde y despotricar contra su voluntad, me fui por delante diciendo: ¡Absolutamente!


No había vuelta atrás, él era para mí el rey del mundo, y no había una mínima posibilidad de que alguien me lo contradiga.


Aburrida de analizar la forma de sostener las cartas de cada jugador, logro recordar que guardados en el cajón de una mesa antigua de salón, en la sala contigua a la nuestra, había una caja con habanos del año 1959, me levanto bruscamente para ir a buscarlos mientras más de la mitad de los jugadores me mira con los ojos alborotados. Me sonrojé. Evidentemente fue una actitud muy infantil, de esas que suelen salirme justo en los momentos menos oportunos. Entonces me filtro lo más rápidamente por el pasillo que me conduciría a mi objetivo.


Al regresar parecían haber todos olvidado mi ignominioso y reciente momento,  seguían sorbiendo tragos cortos de sus vasos y fumando de un solo humo, que terminaba en la lámpara que bajaba del techo hasta casi tocar la mesa. Hablaban poco del juego. El ambiente se tornaba tenso de a ratos, yo entendía bien que había gente que estaba perdiendo demasiado dinero.
Mi condescendiente no mostraba atención alguna sobre mí. Yo reposada sobre el único sillón alejado de la mesa lo miraba y buscaba su mirada, pero no comparecía él a mi pedido. Ya me ponía a dudar si otra vez mi actitud no era tal vez un poco infantil. Inmadura entonces, buscaba en qué transportar mi atención. Nada más que él sabía llamarme. Pero buscaba otra cosa. Un teléfono de discado bastante delicado supo detenerme algunos minutos, era rojo y tenía muchísimo brillo. ¡Quería llevarlo conmigo! Ya lo imaginaba en mi escritorio al lado de mis papeles.


Me sorprendía la tolerancia que con tanta paciencia estaba sosteniendo la mencionada situación. Mi complaciente acompañante no me miraba pero yo sabía muy bien que lo arreglaría todo con un beso de soborno. . . me tomaría muy fuerte de la mano, luego tomaría con fuerza mi cabello. Besaría mi cuello e intentaría lastimarme con algún sarcasmo ingenioso del cual sería yo su víctima incesante. Callaría, por el precio de cualquiera de sus sugestivas e interminables gotas de ironía. 


Continúa . . .

<<Es así, y debes mantener la mentira
aunque ellas se terminen también algún día,
y que solo la verdad es eterna>>







jueves, 17 de mayo de 2012

Sumo



Mientras la espuma se deslizaba por encima del agua que caía en un de las rejillas centrales, vi un cepillo que estaba en el piso de cerámicas negras, estaba panza arriba  gastado, el lomo de madera estaba hinchado sus cerdas eran amarillas estaban sucias y gastadas por el uso. Esto daba aun mas impresión del frio que hacia; Mejor no hablar de ciertas cosas.

Aunque en ese lugar había una repisa con libros y revistas viejas, solía leer cuando debía hacerme algún tiempo. A veces falta oxigeno para poder expresar por completo.

No había tiempo, y aveces no habían razones , pero mejor no hablar, de ciertas cosas.

martes, 27 de marzo de 2012

Brindis con brandy, hoy . . .




Se pone como un vicio, ésta dócil tarea de pensarte bajo incansables dosis de ataduras y complicaciones. Se pone suave cada vez que pienso en dejarte, la noche que en trasnoche se ha transformado. Compilaciones de temblores bajo mis brazos, buzones en espera en la vereda de mi vecindario calmo y despoblado, polvoriento.

Algunos transeúntes concurren por el lugar marchitándo la espera. Las gotas prometedoras hacen a la espera seguir esperando y la utilería de futuras esculturas poseen el valor de dejarme con una latente nostalgia de no atraparlas para concretar trabajos de arte y belleza intrínseca en la materia pura.

Me he convertido en una ladrona cualquiera de tu esencia tras la lejanía del anhelo. He de pensar en cualquier trampa de tu mente, sabotaje. He perdido hasta las estrellas intentando reflejar al menos mi pensar, y he transitado cuartos de hora al compás de un humo manipulador, inquietante y repentino, mientras vos, desde el otro lado, muy a mi pesar, no hacés otra cosa que mentirle a tu propio yo, creyendo en ella, cuando dice que lo dejará todo por un último beso, por un último adiós.

¿Algo que tenga sentido?

domingo, 25 de marzo de 2012

Prohibido prohibir

Traería alguna que otra bebida para refrescarnos del calor, aunque corría alguna que otra brisa molesta que hacía despeinar mi cabello y poner mis nervios a sacudir . . . las bebidas estaban sobre la mesa y era inevitable comenzar a degustar de lo que pronto haría que olvide lo fanfarrona que se ponía a estas alturas, la vida misma.

Yo tenía por esos momentos una madurez similar a la de un chimpancé las bebidas iban y venían como flores de papel crepé en un desfile de primavera . . . miraba la situación desde mis adentros de de manera sosegada, de echo había compuesto una serie de reglas conmigo misma para no seguir comportandome como una niña, como una tonta. Debía de regresar a casa sin cargos de conciencia, y lo más sensato parecía tener que sabotear mi inocencia con trucos de sosería e insensata sensiblería: estar pero no parecerlo. . . sentir, pero no demostrarlo.

Tenía una remera de mangas largas con una inscripción en el frente que supo detenerme algunos cautivantes segundos mientras intentaba descrifrarla, decía Attacante. . .  y yo, una remera blanca que dejaba como pocas veces entrever mi ombligo y dejar mis caderas al descubierto, no me importaba, porque mientras bailábamos un clásico de los ochenta, me miró y dijo que la vida era hoy. No sabía que era tan mortal, desde ese día no dejo de pensarlo y aunque sé, nosotros somos imposibles, ocupa un lugar importante dentro del vacío que han dejado algunos viejos y falsos amores.


Don't you know

martes, 20 de marzo de 2012

Ácido

Nacía el otoño clasificador en un abismal y roto verano que había arrasado con todo. Tenía delante de sí su propia agenda, regalo de su padre en algún invierno, años atrás. . . y tenía que buscar un equilibrio entre la paz y el amor, cosas que nunca encajaban juntas, junto con la palabra "equilibrio". Era una búsqueda o un comienzo, a la vez en que todo significaba un renacer, un vals en el que bailaba sola, pero acompañada de estímulos y gotas de abrigo.


Lejos de sus tierras natales, pensaba: sería tan fatal no regresar jamás? Esa era una pregunta que circundaba generalmente sus ligeros pensamientos, mientras la falta de companía y la posible palicez de companías innecesarias aparecían. Cigarros y alcohol, música y pastillas de sosería. 


Había que comer verduras para que el cigarro no influya como atrevido estimulante ante la sana alimentación, pero era tan atractivo el humo circundante que costaba restarlo de la dieta. Y el alcohol? podía ella armar las valijas mientras una copa de vino espeso acompañara su anochecer, había tan poco por hacer que una dosis al corazón no afectaría. 


Escribió mucho acerca de la salud, pero era evidente que mientras lo hacía escapaba de esta ardiente necesidad. Latente. Necesaria.


La soledad venía a invadir y no había artillería alrededor. El corazón latía y latía y los estímulos se precipitaban, callaba una sonrisa en lugar de un paseo por el arcoiris, callaban los rumores y la ciudad se iba durmiendo despacio. Las emociones dormían en el lugar donde yacían desde que un corazón intrépido y mortal se lo llevó todo. Quedaba un solo de blues y mi corazón era puro rock and roll.







miércoles, 7 de marzo de 2012

Sweet Like Vanilla Is



Eran su voz y su perfume, un contrabando de trucos para hacerme enamorar. A mis espaldas todo a oscuras, venía su solo yo manipulando sin querer su propio destino, cayendo sobre el mío . . . Dentro de mi empezaba a surgir algo, lo venía presintiendo como una ola de adrenalina en la que solo quería nadar y sumergirme hasta nunca detenerme. Cuando brillaba el día era porque la ausencia suya caía en desconsuelo, mientras su presencia parecía acercarse, las cosas empezaban a vibrar y mis pupilas revoltosas quedaban aún más inquietas.
Me hacía reír y me hacía llorar. Lo tenía todo y al día siguiente no tenía más nada. Así eramos, casi como el agua y el aceite . . . pero éramos, y eso era único, eterno e inmutable.
Un par de jeans, unas gafas para el sol, y ya me pertenecías . . . eras un encanto de principio a fin, sin despedidas y con casuales desencuentros . . . pero no dejabas de pertenecerme. La cosa más bonita que mis ojos hubiesen visto estaba justo delante de ellos, la zozobra de cualquiera de mis torpes movimientos podría arruinar cualquier intento por acercarme, así que permanecía lejos.
Caía la noche y volvía a aparecer la madrugada, pasando los días y llegando a un verano marchito. Éste amor se perdía en la noche de los tiempos, pero era cuando hablaba, que su voz toda esparcida por el aire llegaba a mis oídos y zucumbían en ellos pétalos de amapola, sueños de amor, desidia y perlas.
Mi pensar se desgarraba al contemplar tanta belleza en un solo tono vocal y tanto brillo en una sola canción, su cuerpo se componía en una sola pieza de música y su voz bailaba como una gran especialista. Mi perspicacia no ayudaba cuando de ingeniarme se trataba para escapar de ésta estimulante situación. Volvía a entretenerme su andar, y yo andaba ahí, buscando el suyo a la par de cualquier casualidad.



Nevermind the Bollocks! Here's Belén

miércoles, 29 de febrero de 2012

La pregunta de Sofy por el Arjé

Bueno, una más y me voy. La tentación me persigue fluyendo por las venas!!!! no podía soltar la adrenalina que corría, y sabía que en cuanto la dejara mi vida comenzaría a brillar, nuevamente.


Otra vez a filosofar, queridísimos señores Nada cuesta cuando tienes un alma curiosa y los pies ansiosos por conocer caminos diferentes. De una u otra manera lo lograría, hubiese pensado en otras épocas, épocas en las cuales era yo diferente, más sencilla, ingenua de conflictos. Era más segura y un poco más kamikaze. Cuanto desearía que esa parte de mi me atrapara ahora. Ahora que necesito filosofar con la seguridad que tanto me caracteriza. ¿Qué me lo prohíbe? Pues, nada, absolutamente nada.


Una pequeña marioneta vestida de traje con moño rojo, se acercó a preguntarme qué sentido tenía vivir, pues, le contesté que no era nada nueva su inquietud, y que el mundo de los seres humanos desde muy tempranas épocas se venía con semejantes interrogantes. Civilizaciones muy primitivas comenzaron con esas cuestiones, intentando explicarlas. Cada quien con sus respuestas, eran creencias que más que con la verdad tenían que ver con mitos y creencias sin fundamentos, existían y desaparecían en la noche de los tiempos, a modo de explicación inmediata de los interrogantes más comunes.


Con el paso del tiempo esas comunidades primitivas, van necesitando fundamentos a esas creencias, por lo que salen a buscar fundamentos firmes más acordes con la realidad que vivían. Éste es el gran paso de la filosofía, el Paso del Mito al Logos, se dejan de lado construcciones de pensamiento mitológico producto de la imaginación por un pensamiento más racional, producto de la razón.







En los poemas de Homero y Hesíodo,
 se narra la situación de 
poblaciones agrícola-ganadero, situados en valles, regidos por un monarca
de carácter semi-divino que controlaba el poder.

.

martes, 7 de febrero de 2012

Verano Número Veintidós



(Suenas raro)

Lleva coraje partir, y lleva coraje volver. Jamás se va uno sin haber regresado, pensé. Ya las cornisas sobre la pared intercambiaban algunos zumbidos con los vidrios polvorientos de la ventana que daba a la calle, mencionando sutilmente que era la hora de salir.

¿Llevaría cuánto? dos horas y media, tal vez tres . . . tres  cuatro cigarrillos y un poco de ansiedad, siempre que sobrepesaba el destino habían nervios, pero tres libros y cincuenta centavos por si las dudas eran buena excusa para fingir seguridad. Una caja con escritos, que a la larga se transformarían en gratificantes reconfortaciones de noches de vino caliente y espeso . . . solitarias, servirían de companía. Llevaría también y muy urgente a empacar el cepillo de dientes, un bolígrafo y dos encendedores. Todo marchaba sobre ruedas, y los pensamientos de lejanía constantes, esos que acosan a uno hacia la dependencia de lo dejado empezaban a trabajar, constantes en su labor, procuraban no dejar lágrima dentro de mis ojos, aunque tartamudeando alegrías de distintos días vividos, comencé a entender que el día había ya cambiado, y las cero-cero me avisaban que el viaje se pospuso una vez más.

Como todo empieza todo termina y todo pasa por alguna razón . . .  son las palabras más sabias que habré esbozado con mi sobria sonrisa de basta experiencia.

viernes, 27 de enero de 2012

Como el Viento y Como el Mar



Era una mañana gris. De colores pasteles. Lloviznaba y el verde patio todavía reflejaba su inocencia y cuidado. En el tendedero flameaban unos jeans celestes desgastados, eran cuatro, hacían lindo contraste con el verde del pasto y las plantas de mamá. La mañana se presentó nostálgica como muchas otras antes vividas, pero esta traía la tristeza de tener que representar la fortaleza que todo mi ser anhelaba para no caer. Había ya amanecido y nada podía estar mejor, así que era hora de limpiar recuerdos y dar una vez más el brazo a torcer.

 
Yo no era de esas personas manipuladoras, si nó al contrario. . . era de esas que dejan que viento que sople, sople tan fuerte como pueda, yo era de hacer de ese jinete del tiempo su caballo. . . lo hacía todo al revés, cada vez. Lo que no quiere decir que la preocupación aumentaba, y sabiendo que la honestidad fue siempre una de mis más preciosas virtudes, pues, alegaré que no me preocupaba lo inoportuna que se ponían mis decisiones, cada vez.

 
Me subí al auto, manejé unos cuantos kilómetros sin sentido, pero siempre mirando atrás.

 
¿Debía dejarlo? Se merecía que lo abandone, pero mi basto corazón no decía lo mismo, ¡el volvía y revoloteaba en cada célula de organismo! Solo cuando aparecía el colgado de mi mente la inspiración aparecía, y era injusto. Era un juego doloroso al que yo, ya no estaba dispuesta. . . para jugar. Por eso es que aparecía en sueños lo más suave que un mujer pueda imaginar jamás.

 
Constantemente caía en la desilusión de lo mucho que me quedó por darle. Era una deuda grande que tenía conmigo el hecho de no haber escuchado ni siquiera una sola pieza de música a su par. De no haber bailado y ni siquiera de soportar una luna más. Es que había tanto que quería compartir, que sé. . . se ha esfumado todo, todo como el viento y como el mar.





Siempre en la cima cada vez, cada vez ahí mientras vos estás. ¿Y cuando te vas? cuando te vas invento que ya me fuí, pero son mentiras piadosas donde mi descabellado intento por ocultarme de vos, peca.

martes, 3 de enero de 2012

La chica que hay en mí

Me acordaré de que dijiste:
"A veces el amor dura,
pero a veces, en cambio, duele".
Nada es comparable,
ni las preocupaciones, ni los cuidados
Los arrepentimientos y los errores, son sólo recuerdos.
Quién hubiera sabido que esto iba a tener un sabor tan agridulce?
Donde brilla tu luz, yo no la puedo ver
si pudieras subir, sin miedo de caer
si pudieras reír, sin pensar una vez
y no me mires así, que puedo enloquecer
Abre los ojos, y decime que ves
abre tu alma nena, siente un poco de placer!
cerrá los ojos, soñá despierta una vez!
y no pienses en mi . . . yo ya me fuí ayer!