martes, 7 de febrero de 2012

Verano Número Veintidós



(Suenas raro)

Lleva coraje partir, y lleva coraje volver. Jamás se va uno sin haber regresado, pensé. Ya las cornisas sobre la pared intercambiaban algunos zumbidos con los vidrios polvorientos de la ventana que daba a la calle, mencionando sutilmente que era la hora de salir.

¿Llevaría cuánto? dos horas y media, tal vez tres . . . tres  cuatro cigarrillos y un poco de ansiedad, siempre que sobrepesaba el destino habían nervios, pero tres libros y cincuenta centavos por si las dudas eran buena excusa para fingir seguridad. Una caja con escritos, que a la larga se transformarían en gratificantes reconfortaciones de noches de vino caliente y espeso . . . solitarias, servirían de companía. Llevaría también y muy urgente a empacar el cepillo de dientes, un bolígrafo y dos encendedores. Todo marchaba sobre ruedas, y los pensamientos de lejanía constantes, esos que acosan a uno hacia la dependencia de lo dejado empezaban a trabajar, constantes en su labor, procuraban no dejar lágrima dentro de mis ojos, aunque tartamudeando alegrías de distintos días vividos, comencé a entender que el día había ya cambiado, y las cero-cero me avisaban que el viaje se pospuso una vez más.

Como todo empieza todo termina y todo pasa por alguna razón . . .  son las palabras más sabias que habré esbozado con mi sobria sonrisa de basta experiencia.

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