miércoles, 29 de febrero de 2012

La pregunta de Sofy por el Arjé

Bueno, una más y me voy. La tentación me persigue fluyendo por las venas!!!! no podía soltar la adrenalina que corría, y sabía que en cuanto la dejara mi vida comenzaría a brillar, nuevamente.


Otra vez a filosofar, queridísimos señores Nada cuesta cuando tienes un alma curiosa y los pies ansiosos por conocer caminos diferentes. De una u otra manera lo lograría, hubiese pensado en otras épocas, épocas en las cuales era yo diferente, más sencilla, ingenua de conflictos. Era más segura y un poco más kamikaze. Cuanto desearía que esa parte de mi me atrapara ahora. Ahora que necesito filosofar con la seguridad que tanto me caracteriza. ¿Qué me lo prohíbe? Pues, nada, absolutamente nada.


Una pequeña marioneta vestida de traje con moño rojo, se acercó a preguntarme qué sentido tenía vivir, pues, le contesté que no era nada nueva su inquietud, y que el mundo de los seres humanos desde muy tempranas épocas se venía con semejantes interrogantes. Civilizaciones muy primitivas comenzaron con esas cuestiones, intentando explicarlas. Cada quien con sus respuestas, eran creencias que más que con la verdad tenían que ver con mitos y creencias sin fundamentos, existían y desaparecían en la noche de los tiempos, a modo de explicación inmediata de los interrogantes más comunes.


Con el paso del tiempo esas comunidades primitivas, van necesitando fundamentos a esas creencias, por lo que salen a buscar fundamentos firmes más acordes con la realidad que vivían. Éste es el gran paso de la filosofía, el Paso del Mito al Logos, se dejan de lado construcciones de pensamiento mitológico producto de la imaginación por un pensamiento más racional, producto de la razón.







En los poemas de Homero y Hesíodo,
 se narra la situación de 
poblaciones agrícola-ganadero, situados en valles, regidos por un monarca
de carácter semi-divino que controlaba el poder.

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martes, 7 de febrero de 2012

Verano Número Veintidós



(Suenas raro)

Lleva coraje partir, y lleva coraje volver. Jamás se va uno sin haber regresado, pensé. Ya las cornisas sobre la pared intercambiaban algunos zumbidos con los vidrios polvorientos de la ventana que daba a la calle, mencionando sutilmente que era la hora de salir.

¿Llevaría cuánto? dos horas y media, tal vez tres . . . tres  cuatro cigarrillos y un poco de ansiedad, siempre que sobrepesaba el destino habían nervios, pero tres libros y cincuenta centavos por si las dudas eran buena excusa para fingir seguridad. Una caja con escritos, que a la larga se transformarían en gratificantes reconfortaciones de noches de vino caliente y espeso . . . solitarias, servirían de companía. Llevaría también y muy urgente a empacar el cepillo de dientes, un bolígrafo y dos encendedores. Todo marchaba sobre ruedas, y los pensamientos de lejanía constantes, esos que acosan a uno hacia la dependencia de lo dejado empezaban a trabajar, constantes en su labor, procuraban no dejar lágrima dentro de mis ojos, aunque tartamudeando alegrías de distintos días vividos, comencé a entender que el día había ya cambiado, y las cero-cero me avisaban que el viaje se pospuso una vez más.

Como todo empieza todo termina y todo pasa por alguna razón . . .  son las palabras más sabias que habré esbozado con mi sobria sonrisa de basta experiencia.