miércoles, 30 de noviembre de 2011

Hate is easy, Love takes courage

Yo entiendo muy bien que aborrezco de tiempo a base de recuperar mi pasado, ni una porción más de tiempo nueva sería buena a no fundamentar el tiempo perdido. ¡cuántas cosas en el tintero! pero ahora solo el reloj viene a escuchar, cuando todo se innunda de inspiración y el alba es la única que aulla. Será posible que el mundo, justo cuando empiezo a volar, desparrame su gravedad sobre todos los cielos!, cielo santo, me dije, al final dejé de nadar por los siete mares para no naufragar, ¿muchas quejas? perdón. . . es que el sabor agridulce no se va, pero atenti, la pelopincho todavía se puede armar!




El hombre nunca puede saber que debe querer, porque vive solo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores. No existe posibilidad alguna de comprobar cuál de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. ¿Pero qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma?
.Milán.




martes, 29 de noviembre de 2011

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Supervivencia






Si hay algo que puede quitarme las ganas de vivir, así literalmente [y quedate tranquilo que esta vez no sos vos, al menos esta vez no], es el estudio. Pero aclaro: no es el hecho de agarrar los libros  y estudiar en sí, lo que me jode es ese sentimiento de “tener que estudiar” que te tortura hasta que te dignás a hacerlo. ¿Se entiende? Lo único que quiero es que sea diciembre o enero y mi única preocupación sea no quemarme con el sol. . . 

¡A filosofar, señores! que justo antes de que enciendan las luces, se pone divertido el baile.




« Porque nadie puede saber por ti.
Nadie puede crecer por ti.
Nadie puede buscar por ti.
Nadie puede hacer por ti lo que tú mismo debes hacer.
La existencia no admite representantes.»
J. Bucay


lunes, 21 de noviembre de 2011

¿Qué hora es? Vieja locución.

Energías, dice el que es su todo, fundamentándome como si yo sufriera de necesitar una explicación más al vacío ya existente dentro y fuera de mi guardarropa mental . . . él me dice que su firmamento es el sol, yo le digo, de vez en cuando que perdí la fé, que mi fé se evapora y se pierde, que de ella emana un humo nuevo y casi sagrado, efímero. . . tal vez. El fuego sigue ardiendo y entre llamas me llama, me avisa brutalmente que mi vida provisoria se está volviendo eso: provisoria . . .
 
                                                                              
                                                                   


"Las mujeres no buscan hombres hermosos.
Las mujeres buscan hombres que han tenido mujeres hermosas.
Por eso, tener una amante fea, es un error fatal."
Milán Kundera

domingo, 20 de noviembre de 2011

La Metafísica juega con la Naturaleza




« Nunca desistas de un sueño. Sólo trata de ver las señales que te lleven a él. » P. Cohelo.


El robo de moras inmaduras en el fresco y las temblantes rodillas al filo del miedo siempre le recordaban a su niñez, el aroma de algunos árboles sin nombre y arbustos pequeños, le hacían asomarse de un tirón a esos días en que todo era tranquilidad, donde no habían nieblas, pero por sobre todo, donde todo era inocencia y no existían locuras, no existía de ningún modo y por supuesto, ése amor. En ese tiempo escuchaba las aguas del arroyo caer sobre el pedregullo y todos esos sonidos seguían siendo cálidos a pesar de las altas horas de madrugada en que se iba ella a apreciarlos, en el oscuro fondo, entre los árboles y sobre los pastos crecidos, esos artes de la naturaleza le hacían conseguir la paz que ella tanto buscaba. La oscuridad era quebrada por momentos, por el cantar de alguna que otra ave nocturna, cosa que solía llenarla de escalofríos. . . y sin embargo esto la apasionaba. Porque escuchaba  a los sonidos todos separados. Cuántos recuerdos permanecían adentro de ella, y cuántos tantos intentaba cubrir con su oscura y delicada exquisitez.

Acostumbrada a tener que abandonar ese acogedor frío de invierno, llegaba la hora de atravesar las dos plantas de limón, el lavadero, la planta de naranja, y por fin, hacer un sacrificio sobrehumano por no hacer demasiado ruido al abrir la puerta, para no despertar a nadie que no lo deseara. Entrometerse entre sus congeladas sábanas le dejaba saber lo inolvidable que se estaban volviendo esos paseos por el monte del fondo, en la madrugada.

Después de todo ese tiempo, allí, sumergida. . . ya no quería abandonar esa importante habitación . . . En esa habitación había descubierto muchas cosas, cosas importantes . . .como las que los mortales no pueden nunca entender, que los fantasmas se escurren por las paredes, Que los sonidos pueden masajear hasta a la más fuerte roca, que los ojos pueden estar abiertos, y ello que no quiere decir que estén mirando . . . que el tiempo es solo una medida, una frecuencia de una parcimonial medida posiblemente real . . . y que las distancias. . . Bueno, que son distancias.

Se dio cuenta de que los recuerdos, con el tiempo. . . van tomando la forma que nosotros le damos. . . que los famosos faroles que nunca debieron ser, simplemente se van apagando, se olvidan. Indagó sin querer en tantas de estas desinteresantes cosas, que por momentos se quedó pegada a ellas. Vigilaba constante, como la libertad iba formando parte significativa y absoluta, de su ya trascendental existencia. Ya no había materialidad que la rodeara, ella era un ser repleto de sustancias movedizas. Ya no habían objetos, y la relación espacio–tiempo hacía ya algunos momentos que se había desvanecido. Ya no una imaginación artificial buscando un algo que sin dudas no encontraría, no buscaba abrazos de domingo, no buscaba los grises de los periódicos, no buscaba elefantes en las nubes. . . Era todo muy nuevo, y ésta vez ella no buscaba nada, solo se sorprendía. Ahora se contentaba que las supuestas confusiones mentales, de algún modo, y en algún puerto la llevaron a tan asombrosas conclusiones, eran sencillas, entendibles, un poco tensas por lo abigarrados que se estaban poniendo las redes de información en esa virginal matriz, pero eran conclusiones estables, vitales. . .

Sin impulsos, pero con voluntad, ella seguía consiguiendo no querer moverse, se sentía mediocre, porque pensaba que mas de una persona habría de haber sentido desfallecerse en una cama, en un momento de nostalgia y soledad,  sobre todo pensaba que deberían haber mas camas de hospitales, los días domingos . . . sobre todo los domingos de humedad, y sobre todo al atardecer. Y seguía sacando sus conclusiones. . . pensaba que la gente se siente triste los domingos, porque éste marca el paso del tiempo a nivel muy inconsciente en ellas, pero es tan veraz, que los inconscientes despiertan, y se alteran. . . Así manifestando depresión, cansancio y muerte.



No tenía miedo
a las dificultades: lo que la asustaba era
la obligación de tener que escoger un camino.
Escoger un camino significaba abandonar otros.

Agosto 2010

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Mosquitos


Nada cambiará nada. Se llamaba Melissa y estaba allí para quedarse. Marcharía el día de su cumpleaños, por eso el tiempo ya mucho no importaba, era un detalle menor que antes no se olvidaba, pero ahora, incorporado al sudor, se hacía ver con mayor claridad. Era diciembre. . . diciembre de sol y bebidas refrescantes.
Calmo como el ocaso recién saboreado, como las brisas apuradas rascando la ventana de la cocina, ardiente como los primeros rayos de luz que se asomaban, volvían los pensamientos de olvido y de insulsez. Sueños in calculados y revividos noche tras noche solo hacían desparramar las vacantes agujas del reloj en un solo desasosiego. . .  los reproches en la metacomunicación deseaban volver, pero el instinto los hacía regresar por la misma puerta por la cual habían entrado.
Habían fideos en el almuerzo, y el mal humor aumentaba. . . la dama se hacía conocer y la resignación se ponía cómoda en el lugar que iba ocupando, generando iprocresía, inventando amistades de buen sabor. Anillo al dedo, pero inoportunas. Escuchar más al corazón seguía siendo una asignatura pendiente, fijar la atención en el devenir también lo era. . . Pertenecer  y valorar era todo lo que importaba, momento a momento caminando por la recta de la maldita calle Mitre lo iba vacilando, titubeándolo. La memoria ya no ayudaba porque Melissa no la poseía tanto como aparentaba. Conversarlo tampoco haría ninguna magia en mi, algo estaba pasando y yo lo descubría . . . mi inmadurez se desvestía fresca y adolescente, como bien la conocía. . . . ¡Y a nadie le importaba!
No era el amor por Melissa lo que desesperaba, porque aún era temprano . . . para amar. Solamente habían afectos y se hablaba de ricos rumores tempranos . . . no la temprana edad en que el día se iba deslizando, sinó la prematura cotidianidad entre su ser y el mío. . . siempre llegaba después del último cigarrillo, señal de lo inoportuna que la relación se ponía. . . extrema como me gustaba, pero insípida, sosa y desaborida. Siempre en soledad después de cada cigarro maldecía cada semáforo, la preocupación no existió ni siquiera en el principio, pues era divertido disfrazar los sentimientos con cariño para alimentar un corazón abastecido de embriaguez afectiva. Colores a su vida no le faltaban y ahí me encontré: Sobrando en cada canción y en cada silencio. La palabra intentar ya no era una de las favoritas dentro de mi placard, porque el tamaño del suyo aumentaba su ego como una roca a la que nada toca, cuando el mar flota sobre las rocas y él no las siente el mundo se pone triste, así que mi destino marchaba airoso hacia la más cercana salida de emergencia.
Los afectos ya no cumplían entonces ningún rol, eran demasiado frágiles como para ser programados. . . pero lo suficientemente respirados como para ser vividos y experimentados. El humo se disipaba y me recordaba tanto a la rapidez con la cual lo hacía su perfume que por barato se iba con el viento y corría atrás de la primera flor para contagiarse.


Mosquitos de medianoche. . . ¡paga!

jueves, 10 de noviembre de 2011

200 días

Me detuve un segundo, solo un segundo y todo dió vueltas. Culparle a la idiosincracia de mi destino pudiera resultar ofensivo para mis ya trascendentales ideologías existencialistas, darle en parte la culpa a mis vecinos pudiera resistirse a mis instintos, pero debo obedecerme por completo a la triste novedad de entregarme culpable de cada una de mis acciones. Mejorarlo será cuesitón de tiempo, y de paz.


Deberé escuchar más a mis oídos y programar menos al corazón. . . hoy se torna todo muy poderoso reduciéndome en un estallido rutinario, la amargura atraviesa mi garganta de la manera más incómoda que puede, y yo, mientras tanto, pospongo mi felicidad hacia un nuevo ocaso, donde todo nuevamente vuelva a brillar.




" El hombre nace libre, responsable y sin excusas "
Jean Paul Sartre

lunes, 31 de octubre de 2011

Dulcespera. . .


Ya en paz, ella se aferra a mi blusa dejándome en plena desnudez, cae a carcajadas y entre risas me despide con un beso en la mejilla izquierda, sugiere que vaya despacio y que cuando ya no la vea, la extrañe.

Qué desazón, mi amargo Dios, sin escrúpulos me dejas ir y sin ningún picor la dejas a ella ahí tirada, promovedora de esa imagen que hace muy a mi pesar, querer ir a buscarla por doquier. Buscaré, pues, su sonrisa contagiosa en las tardes de melancólica molestia, sus labios rojos en mis cándidos momentos de tranquilidad y sus bellas caderas para soportar este amor.

Y es que la quiero y es tan hondo lo que de mi la separa! y es que la necesito que mis fuerzas parecen renovarse solas y por completo cayendo el tiempo en mis recursos! Y es que no confío en mi cielo, yo solo veo mi rosa crecer en ese jardín dorado, la veo y me incita a cuidarla, a protegerla de su propio Ello. 

Me voy sintiéndome en espantoza soledad, aprovechando los últimos momentos recientes saboreándolos con toda mi esencia y valorando cada centímetro de cuerpo que voy moviendo. Es que cuando ha razgado mi camisa me ha hecho perder la razón, ha dejado a mis anhelos jugando canicas y perdidos en medio de una playa abarrotada de sol, y lágrimas.

Ya no sé si quiero verla, pues incrementa mi estado sensitivo cuando se acerca, mis pulmones parecen desobedecerme cuando me encuentran sin aire y mis órganos cuales todos se ponen inoportunos.

Se acerca y me sonríe, una vez más. Yo quiero abrazarla con mi alma en ese sencillo momento, pero ella no sabrá jamás de la gratitud que por mi corre cuando ella existe. Se me ha resultado tan necesaria! 

-Suéltate, que no te importen los otros. Me dice, alegremente en su acobardada ironía. Yo no sé qué responder, aunque lo piense calculadamente e intente resumir mi objetividad en algo inteligente. Consigo sacar de mi un silencio borbotón que innunda el momento y pone a mis mejillas coloradas, ella, fija su atención en un punto lejano al otro lado de la ventana vidriada, transportando su mirada al ras de esta embarazosa situación. Siempre sabe qué hacer   y es ello lo que me deja poco cobarde a la hora de amarla.

Ahora cuando la amo, estremece su pecho junto a los latidos de mi corazón, quema el suelo mientras corre por mi mente buscando cegar la realidad, lo consigue y a pesar de ello lo sigue intentando, dejando detrás simplemente nada, borrando recuerdos y abasteciéndose de ellos. calma mi sed y de a ratos la provoca. 


Couldn't sleep . . . all night 'cause i'v been thinking about you
La sensación de gratitud se vuelve aún más inmensa cuando con su dulce voz repite lo que en sueños no venía escuchando: un susurro que dice: mi amor, despierta!

martes, 15 de marzo de 2011

La danza de los cerebros histéricos

Las danzas te muestran historias más que en movimientos físicos.
¡Sé que te preocupabas por cómo movías tu cabello! Ese caos te llamaba y ahí estabas presente, bebiendo de la copa más rápida aún sabiendo lo que su duración haría a falta de un poco de corazón. Falto aún oscuridad para que todo dejase del todo de quedar plasmado en tu estrepitada mente, falto que te fueras un poco al costado para que todos tus sueños se desvanecieran del todo, faltó quizás que te pongas de pié una vez más para que te caigas, faltó dinero en tus bolsillos para que te dieses el lujo de observar la vida con lentes artificiales, y quizás te faltaron las gafas de sol para que veas de una vez el vacío en el que te sumergías al pasar por lejos de tu amoroso carril. 


Distancias en el pasillo, cercanas pero irreales, no aparentes, despreocupadas, nervios inoportunos: matutinos. . . amaneceres ocasionales, almuerzos contados, bares de mala muerte, noches de prestigio alcohólico, vientres enteros pero despedazándose en cada célula de organismo. Ceguera, ceguera emocional. Emociones violentas pero ciegas, totalmente castas y descuidadas. Insolación, infierno, incapacidad, caer. Soñar, despertar, oír, palpar. Todo eso hacías con el correr de tu adrenalina portentosa. 


Era soberbio el momento de verte equivocarte, movías la boca mil veces y revoleabas tu pupilas en la zozobra del error y la arrogancia, tu esqueleto todo parecía inmóvil pero era ahí donde te encontraba, las respuestas ya no eran tan impredecibles y si, te equivocabas una y otra vez y una y otra vez caías al abismo atiborrado de espacios morados, caías en tu mente como se desvanece una vida delante de los ojos del Señor. Nadabas y te gustaba tanto flotar ahí dentro, tus oídos eran la calesita que necesitaba toda tu sustancia, lo que negaba tu esfera, y podrías haber muerto miles de veces, eso lo sabías y lo creías. 


Ya nada ayudaba para que vuelvas a sentir, tu ceguera aumentaba el poder que tenías sobre los demás para convencerte que la vida todavía solía traerse unos tintes rosa. Los calzones del monje para ti todavía estaban cocidos con hilos de ese color, seguías lejos. 


Y danzabas tu caminar con los pasos de tu mente, y tu vientre intacto permanecía queriendo esperar, madurar, convertirse tal vez en flores y alimentarlas tal vez algún día soleado. Y cuando cruzabas la finca de la soledad estaba todo tan tremendo, con el alma asustada y sabia corrías a cualquier posta, te movías aunque casi no permanecías, casi no parecía importarte tu propio lenguaje, una fobia cautivaba tu columna vertebral y probabas la compañía artificial de los efectos de la madrugada. Ella te abrazaba y te contenía, gota a gota te encerraba orgullosa en su sed, y de ella salías ilesa y conmovida, prefiriendo el suelo de tus propios cristales que los dolores pasajeros, preferías ya, gritar por dentro que salir a rezarle a los astros. El rojo, el carmín y tu por siempre violeta una vez más agujereando tu rica pasión, buscándote en espejo que por doquier encontraras. . . el tumor bajaba y ya parecías no seguir acelerando tu cuerpo, por momentos. El azul, tus azules grisáceos y algunos grises pardos alimentaban tu fatal nostalgia, estrechándola con las ases estimuladas de tu desmemoriado destino, el frío chocaba con tu cuero ileso y eso te hacía sentir vida, quizás una maratón de esquizofrénicos estímulos propios acurrucaban tu existencia en esos momentos, quizás lo disfrutabas más que cualquiera, quizás la locura, después de todo, tu primorosa locura estaba allí para ser una forma más de inteligencia, pizca innata y un canal ingenuo para descubrir el mundo con los sentidos incautos previendo de simplemente, un minuto más de vida.



 




  "Si fueras a patinar 
por el delgado hielo de la vida moderna,
arrastrando tras de ti el silencioso reproche 
de un millón de ojos bañados en lágrimas,
no te sorprendas cuando una grieta en el hielo 
aparezca bajo tus pies.

Unconscious Trip

Y para qué hiló en ella una mínima pizca de odio, ha surgido de su nuca una minúscula gota de transpiración hirviente que penetraba sus venas homenajeándolas con montañas de miedo de sí mismas, el sol empezó a helar y el tapizado de las sillas se ajaba con cada pedazo de vida que iba pasando por delante de sus ojos. Ni las estaciones del tiempo eran tan hermosas como el intenso odio vivo y crudo que se empezaba a presentir entre esas paredes, debajo de ése techo y por encima de esos suelos. Se estaba dando cuenta de que la existencia no era sino muestra de la brutal vulnerabilidad con que solemnemente había nacido y que con la mismísima delicada e indefensa sensación se iría de éste resistente mundo, dejando simplemente nada. Por que sabía bien que los recuerdos tienen más reputación de la que merecen, nunca son lo que se dicen y se van tergiversando a medida que acumulamos mas conocimientos, mas entendimientos, mas conciencia. . . más de esa famosa cosa llamada “experiencia”. La sabiduría ya no cumplía entonces ningún rol y era lo suficientemente frágil como para ser despedazada, pero lo suficientemente sólida como para ser intuida, entorpeciendo toda esa fantasía de tristezas y malestares raquíticos, esa vana sabiduría estaba haciendo posible que toda esa experiencia sea rara. . . pero real, veterana.



-We are condemned to freedom-


lunes, 14 de marzo de 2011

Rutinarios Estallidos de Vida



No sabía si era ella, o los efectos del calor, que todavía circulaban minuciosos por sus venas flácidas y vitales, pero ella seguía viendo el movimiento guardado. Casi como una fotografía, una tras otra seguía congelando esas imágenes, y ellas aún más inmóviles que nunca; las veía en movimiento, en vertiginoso cambio morfológico. Unas manchas movidas, unas líneas y algunas curvas. . .  No sabía si el destino del mundo había sido marcado por el destino mismo suyo, y se ponía a pensar en el tipo de cosas de las que nadie más se ocupa, como el presupuesto de un artista para abastecer sus trabajos, la cantidad de insectos que viven entre los cuerpos muertos de cementerios abandonados, la cantidad de latidos que su propio corazón podía llegar a ejecutar por minuto, y a veces, hasta por segundo. Y como si pasaran milenios, y como si no existiesen galaxias a millones de kilómetros de ese ser pensante, se hilaban melodías en el arte del espacio-tiempo que la envolvía a ella, ahí dentro, en esas quietas cuatro paredes.
   Y si yo te muestro mi lado oscuro¿Me abrazarás esta noche todavía?  


So cosmic


Y así será . . . de igual a igual

Las brasas de los amores no correspondidos.

La resequedad de las pieles. La de los falsos amores.

Bebiendo de su mismo aire, respirando de sus mismos sueños. Una artesana cualquiera de una mañana gris, desorbitante, solitaria, silenciosa, propietaria de peligrosos y longevos momentos: vino caliente y música temporales me acompañarán, mientras sola tome las riendas de la mañana que en carretera se ha transformado. Nada que haga o lo evite podrá hacer cambiar el ritmo que ya transita esta doliente noche; y es que puedo verlo todo claramente, veo las luces apagarse y las veo volver arrepentidas, escucho a los insectos debajo del catre y los siento entrometerse entre el piso, chocando con mi realidad, haciéndola más inoportuna de lo que se veía venir. Subsistencia, me dije, a la par de mi subconsciente, quien también buscaba lo mismo. Nada cambiará nada, en ninguno de los sentidos que sé ver, resta caminar en la aureola de lo que mis sueños me hacen componer. Planes. Decisiones tardías, batallas contra el destino, y uno que otro ronquido sonoro que me frote los músculos del pecho

Cuanto de inocencia es que habré perdido. . .antes revoloteaba en cada rama de árbol que se me cruzase.

Limbo

Y me duermo despacito a su lado, me duermo muy tiernamente escuchando las gotas atropellar mi techo. . .
-¿Salís?, me dijo. Y vuelve otra vez, fanfarroneando, y yo sigo sin saber para qué y porqué lo hace. . . una y otra vez ese paraíso infeliz tirándome sogas para que no me arroje al abismo, solo aún faltándome suspiros para aguantar el coraje de hacerlo finalmente. Ahora son las manos que están inútilmente atadas a mis brazos, las que te reemplazan, las que desentierran tu tumba, las que te reviven cada tanto despegando de esa tapa pegajosa y turbulenta, muerta pero fantasmal, esos restos tuyos que ahogan mis ojos con los olores que quedaron pegados por éstas paredes, aun mientras las mariposas comen del jarabe de flores, de jarrones viejos y olorosos en cementerios embrujados, en plena madrugada y debajo de lunas brillantes mientras grillos extraños y vulnerables adornan la noche con sus oportunos cantos delirantes y decadentes. Ahora es mi ombligo entonces, el único que habita mi cintura, mirando como siempre hacia la claridad del cuerpo lunar. . . Y lo rodea, como siempre debió haberlo hecho: mi piel. . . y lo abrigan con candentes soplos algünos susurros de viento que caen del ventiluz cerrado y roto. Danzo con ellos, los acaricio. Ellos parecen entenderme, y embriagarme. Después de minutos parecen incluso amarme, y eso me motiva a seguirme sumergiendo en esa pesadilla de ruidos y voces mezcladas con imágenes en pleno aire y moviéndose cazándose entre sí, deseándose, raspando y frotando sus superficies al mismo tiempo que gotas de sudor va marcando sus indefinidas formas. . .formando quién sabe qué realidades, para qué clase de mutantes, pero quizás mi mundo: un mundo en el que los humanos pierden la razón por algünos momentos. Y dejo absolutamente a obra de la suavidad de la música masajear mis hombros y regar mi nuca con sus delicadas manos. . . para ahogar mis penas con algo más traumático que el alcohol, o artificialidades más eficaces pero menos dañinas, tal vez. . . Ahora es ella mi musa y es ella mi luna, mi noche. Ella me abriga y me retiene de locuras, de sangrientos sueños de muerte relampagueante, de ruido entorpecedor de disparos, de imágenes bizarras de canillas de madrugada, de personajes caricaturescos deformes intentando sedientamente encontrarme, de flores carnívoras dentro de mi habitación comiendo mi cerebro por partes sin penetrarlo. Ella abusa de retenerme correr y recorrer desesperadamente los laberintos clandestinos de mi castillo rebuscando puertas traseras y cuadros secretos, llaves mágicas o pociones venenosas, escaleras tramposas o baldosas sin fondo. Ella me esconde, es mi güarida, mi preciosa hada.
Una nebulosa llovizna que no permite más que ver la multitud aún más lejos que lo habitual, una sonrisa infantil, que se confunde con las gotas que caen entre la parcimonia del tiempo, unos faroles que sueltan chispas por el efecto mojado del agüa a sus cables y esa es toda la vida del lugar; más vida que la que pueden contar las prostitutas esperando en la esquina a sus “pacientes” mientras siguen mojándose, enfermándose, dilatándose. . . marchitándose. Ya no tienen historias que contar, de hecho las que tenían se quedaron en camas ajenas y ellas se perdieron. Son tan sabias que ahora sonríen sutilmente: han agotado recursos y no encuentran felicidad, ahora pertenecen al resto de los sobrevivientes. Ya no son mágicas. Y será entonces. . . que lo mágico, ¿está en eso que no conocemos? . . . y más aún: ¿en aquello que se nos hace imposible conocer? Ellas están atravesadas por ciudades y por poblaciones, por generaciones y por décadas de tiempo incontables. Han perdido la gracia innata que habían traído al mundo y que era bueno que conserven sanamente. Entonces ellas son tantas que hacen a mi pensar saberse equivocado. Ellas simplemente son, nada las hace ser, nada las llama, nada las aturde. No hay reglas. Todos corren por su propia vida, cargando con ella y con sus respectivas soluciones. Entonces contentas de no saberse malas humanas: sonríen sutilmente. . . con ese aire que siempre llevan de personas dolidas, pero experimentadas. Desgraciadas, pero supervivientes. Mujeres en pecado, pero sin religión aparente.
Seguir caminando por esa plaza “vacía”. . . solo me acercaba a toparme con personas que seguían permitiéndome remitirme a la originalidad de la creatividad mental, al encuentro con conclusiones paradisíacas, con encuentros neuronales en descontrol. Nada me cohíbe entonces, nada me contiene limitándome, no me sujetan las ligaduras soldadas que había dejado la humillante frialdad de la solemne cercanía con la ruidosa y despampanante soledad. El mundo me escondía tantas verdades y yo estaba siendo su propio verdugo para rebatirle todo en sus propias tierras. . . una mundana señorita, estaba encontrando soluciones, al fin.

Me pregüntó, entonces: -¿Llueve?
-         A cántaros- le respondí.