No sabía si era ella, o los efectos del calor, que todavía circulaban minuciosos por sus venas flácidas y vitales, pero ella seguía viendo el movimiento guardado. Casi como una fotografía, una tras otra seguía congelando esas imágenes, y ellas aún más inmóviles que nunca; las veía en movimiento, en vertiginoso cambio morfológico. Unas manchas movidas, unas líneas y algunas curvas. . . No sabía si el destino del mundo había sido marcado por el destino mismo suyo, y se ponía a pensar en el tipo de cosas de las que nadie más se ocupa, como el presupuesto de un artista para abastecer sus trabajos, la cantidad de insectos que viven entre los cuerpos muertos de cementerios abandonados, la cantidad de latidos que su propio corazón podía llegar a ejecutar por minuto, y a veces, hasta por segundo. Y como si pasaran milenios, y como si no existiesen galaxias a millones de kilómetros de ese ser pensante, se hilaban melodías en el arte del espacio-tiempo que la envolvía a ella, ahí dentro, en esas quietas cuatro paredes.
lunes, 14 de marzo de 2011
Rutinarios Estallidos de Vida
No sabía si era ella, o los efectos del calor, que todavía circulaban minuciosos por sus venas flácidas y vitales, pero ella seguía viendo el movimiento guardado. Casi como una fotografía, una tras otra seguía congelando esas imágenes, y ellas aún más inmóviles que nunca; las veía en movimiento, en vertiginoso cambio morfológico. Unas manchas movidas, unas líneas y algunas curvas. . . No sabía si el destino del mundo había sido marcado por el destino mismo suyo, y se ponía a pensar en el tipo de cosas de las que nadie más se ocupa, como el presupuesto de un artista para abastecer sus trabajos, la cantidad de insectos que viven entre los cuerpos muertos de cementerios abandonados, la cantidad de latidos que su propio corazón podía llegar a ejecutar por minuto, y a veces, hasta por segundo. Y como si pasaran milenios, y como si no existiesen galaxias a millones de kilómetros de ese ser pensante, se hilaban melodías en el arte del espacio-tiempo que la envolvía a ella, ahí dentro, en esas quietas cuatro paredes.
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