miércoles, 30 de noviembre de 2011

Hate is easy, Love takes courage

Yo entiendo muy bien que aborrezco de tiempo a base de recuperar mi pasado, ni una porción más de tiempo nueva sería buena a no fundamentar el tiempo perdido. ¡cuántas cosas en el tintero! pero ahora solo el reloj viene a escuchar, cuando todo se innunda de inspiración y el alba es la única que aulla. Será posible que el mundo, justo cuando empiezo a volar, desparrame su gravedad sobre todos los cielos!, cielo santo, me dije, al final dejé de nadar por los siete mares para no naufragar, ¿muchas quejas? perdón. . . es que el sabor agridulce no se va, pero atenti, la pelopincho todavía se puede armar!




El hombre nunca puede saber que debe querer, porque vive solo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores. No existe posibilidad alguna de comprobar cuál de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. ¿Pero qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma?
.Milán.




martes, 29 de noviembre de 2011

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Supervivencia






Si hay algo que puede quitarme las ganas de vivir, así literalmente [y quedate tranquilo que esta vez no sos vos, al menos esta vez no], es el estudio. Pero aclaro: no es el hecho de agarrar los libros  y estudiar en sí, lo que me jode es ese sentimiento de “tener que estudiar” que te tortura hasta que te dignás a hacerlo. ¿Se entiende? Lo único que quiero es que sea diciembre o enero y mi única preocupación sea no quemarme con el sol. . . 

¡A filosofar, señores! que justo antes de que enciendan las luces, se pone divertido el baile.




« Porque nadie puede saber por ti.
Nadie puede crecer por ti.
Nadie puede buscar por ti.
Nadie puede hacer por ti lo que tú mismo debes hacer.
La existencia no admite representantes.»
J. Bucay


lunes, 21 de noviembre de 2011

¿Qué hora es? Vieja locución.

Energías, dice el que es su todo, fundamentándome como si yo sufriera de necesitar una explicación más al vacío ya existente dentro y fuera de mi guardarropa mental . . . él me dice que su firmamento es el sol, yo le digo, de vez en cuando que perdí la fé, que mi fé se evapora y se pierde, que de ella emana un humo nuevo y casi sagrado, efímero. . . tal vez. El fuego sigue ardiendo y entre llamas me llama, me avisa brutalmente que mi vida provisoria se está volviendo eso: provisoria . . .
 
                                                                              
                                                                   


"Las mujeres no buscan hombres hermosos.
Las mujeres buscan hombres que han tenido mujeres hermosas.
Por eso, tener una amante fea, es un error fatal."
Milán Kundera

domingo, 20 de noviembre de 2011

La Metafísica juega con la Naturaleza




« Nunca desistas de un sueño. Sólo trata de ver las señales que te lleven a él. » P. Cohelo.


El robo de moras inmaduras en el fresco y las temblantes rodillas al filo del miedo siempre le recordaban a su niñez, el aroma de algunos árboles sin nombre y arbustos pequeños, le hacían asomarse de un tirón a esos días en que todo era tranquilidad, donde no habían nieblas, pero por sobre todo, donde todo era inocencia y no existían locuras, no existía de ningún modo y por supuesto, ése amor. En ese tiempo escuchaba las aguas del arroyo caer sobre el pedregullo y todos esos sonidos seguían siendo cálidos a pesar de las altas horas de madrugada en que se iba ella a apreciarlos, en el oscuro fondo, entre los árboles y sobre los pastos crecidos, esos artes de la naturaleza le hacían conseguir la paz que ella tanto buscaba. La oscuridad era quebrada por momentos, por el cantar de alguna que otra ave nocturna, cosa que solía llenarla de escalofríos. . . y sin embargo esto la apasionaba. Porque escuchaba  a los sonidos todos separados. Cuántos recuerdos permanecían adentro de ella, y cuántos tantos intentaba cubrir con su oscura y delicada exquisitez.

Acostumbrada a tener que abandonar ese acogedor frío de invierno, llegaba la hora de atravesar las dos plantas de limón, el lavadero, la planta de naranja, y por fin, hacer un sacrificio sobrehumano por no hacer demasiado ruido al abrir la puerta, para no despertar a nadie que no lo deseara. Entrometerse entre sus congeladas sábanas le dejaba saber lo inolvidable que se estaban volviendo esos paseos por el monte del fondo, en la madrugada.

Después de todo ese tiempo, allí, sumergida. . . ya no quería abandonar esa importante habitación . . . En esa habitación había descubierto muchas cosas, cosas importantes . . .como las que los mortales no pueden nunca entender, que los fantasmas se escurren por las paredes, Que los sonidos pueden masajear hasta a la más fuerte roca, que los ojos pueden estar abiertos, y ello que no quiere decir que estén mirando . . . que el tiempo es solo una medida, una frecuencia de una parcimonial medida posiblemente real . . . y que las distancias. . . Bueno, que son distancias.

Se dio cuenta de que los recuerdos, con el tiempo. . . van tomando la forma que nosotros le damos. . . que los famosos faroles que nunca debieron ser, simplemente se van apagando, se olvidan. Indagó sin querer en tantas de estas desinteresantes cosas, que por momentos se quedó pegada a ellas. Vigilaba constante, como la libertad iba formando parte significativa y absoluta, de su ya trascendental existencia. Ya no había materialidad que la rodeara, ella era un ser repleto de sustancias movedizas. Ya no habían objetos, y la relación espacio–tiempo hacía ya algunos momentos que se había desvanecido. Ya no una imaginación artificial buscando un algo que sin dudas no encontraría, no buscaba abrazos de domingo, no buscaba los grises de los periódicos, no buscaba elefantes en las nubes. . . Era todo muy nuevo, y ésta vez ella no buscaba nada, solo se sorprendía. Ahora se contentaba que las supuestas confusiones mentales, de algún modo, y en algún puerto la llevaron a tan asombrosas conclusiones, eran sencillas, entendibles, un poco tensas por lo abigarrados que se estaban poniendo las redes de información en esa virginal matriz, pero eran conclusiones estables, vitales. . .

Sin impulsos, pero con voluntad, ella seguía consiguiendo no querer moverse, se sentía mediocre, porque pensaba que mas de una persona habría de haber sentido desfallecerse en una cama, en un momento de nostalgia y soledad,  sobre todo pensaba que deberían haber mas camas de hospitales, los días domingos . . . sobre todo los domingos de humedad, y sobre todo al atardecer. Y seguía sacando sus conclusiones. . . pensaba que la gente se siente triste los domingos, porque éste marca el paso del tiempo a nivel muy inconsciente en ellas, pero es tan veraz, que los inconscientes despiertan, y se alteran. . . Así manifestando depresión, cansancio y muerte.



No tenía miedo
a las dificultades: lo que la asustaba era
la obligación de tener que escoger un camino.
Escoger un camino significaba abandonar otros.

Agosto 2010

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Mosquitos


Nada cambiará nada. Se llamaba Melissa y estaba allí para quedarse. Marcharía el día de su cumpleaños, por eso el tiempo ya mucho no importaba, era un detalle menor que antes no se olvidaba, pero ahora, incorporado al sudor, se hacía ver con mayor claridad. Era diciembre. . . diciembre de sol y bebidas refrescantes.
Calmo como el ocaso recién saboreado, como las brisas apuradas rascando la ventana de la cocina, ardiente como los primeros rayos de luz que se asomaban, volvían los pensamientos de olvido y de insulsez. Sueños in calculados y revividos noche tras noche solo hacían desparramar las vacantes agujas del reloj en un solo desasosiego. . .  los reproches en la metacomunicación deseaban volver, pero el instinto los hacía regresar por la misma puerta por la cual habían entrado.
Habían fideos en el almuerzo, y el mal humor aumentaba. . . la dama se hacía conocer y la resignación se ponía cómoda en el lugar que iba ocupando, generando iprocresía, inventando amistades de buen sabor. Anillo al dedo, pero inoportunas. Escuchar más al corazón seguía siendo una asignatura pendiente, fijar la atención en el devenir también lo era. . . Pertenecer  y valorar era todo lo que importaba, momento a momento caminando por la recta de la maldita calle Mitre lo iba vacilando, titubeándolo. La memoria ya no ayudaba porque Melissa no la poseía tanto como aparentaba. Conversarlo tampoco haría ninguna magia en mi, algo estaba pasando y yo lo descubría . . . mi inmadurez se desvestía fresca y adolescente, como bien la conocía. . . . ¡Y a nadie le importaba!
No era el amor por Melissa lo que desesperaba, porque aún era temprano . . . para amar. Solamente habían afectos y se hablaba de ricos rumores tempranos . . . no la temprana edad en que el día se iba deslizando, sinó la prematura cotidianidad entre su ser y el mío. . . siempre llegaba después del último cigarrillo, señal de lo inoportuna que la relación se ponía. . . extrema como me gustaba, pero insípida, sosa y desaborida. Siempre en soledad después de cada cigarro maldecía cada semáforo, la preocupación no existió ni siquiera en el principio, pues era divertido disfrazar los sentimientos con cariño para alimentar un corazón abastecido de embriaguez afectiva. Colores a su vida no le faltaban y ahí me encontré: Sobrando en cada canción y en cada silencio. La palabra intentar ya no era una de las favoritas dentro de mi placard, porque el tamaño del suyo aumentaba su ego como una roca a la que nada toca, cuando el mar flota sobre las rocas y él no las siente el mundo se pone triste, así que mi destino marchaba airoso hacia la más cercana salida de emergencia.
Los afectos ya no cumplían entonces ningún rol, eran demasiado frágiles como para ser programados. . . pero lo suficientemente respirados como para ser vividos y experimentados. El humo se disipaba y me recordaba tanto a la rapidez con la cual lo hacía su perfume que por barato se iba con el viento y corría atrás de la primera flor para contagiarse.


Mosquitos de medianoche. . . ¡paga!

jueves, 10 de noviembre de 2011

200 días

Me detuve un segundo, solo un segundo y todo dió vueltas. Culparle a la idiosincracia de mi destino pudiera resultar ofensivo para mis ya trascendentales ideologías existencialistas, darle en parte la culpa a mis vecinos pudiera resistirse a mis instintos, pero debo obedecerme por completo a la triste novedad de entregarme culpable de cada una de mis acciones. Mejorarlo será cuesitón de tiempo, y de paz.


Deberé escuchar más a mis oídos y programar menos al corazón. . . hoy se torna todo muy poderoso reduciéndome en un estallido rutinario, la amargura atraviesa mi garganta de la manera más incómoda que puede, y yo, mientras tanto, pospongo mi felicidad hacia un nuevo ocaso, donde todo nuevamente vuelva a brillar.




" El hombre nace libre, responsable y sin excusas "
Jean Paul Sartre