lunes, 31 de octubre de 2011

Dulcespera. . .


Ya en paz, ella se aferra a mi blusa dejándome en plena desnudez, cae a carcajadas y entre risas me despide con un beso en la mejilla izquierda, sugiere que vaya despacio y que cuando ya no la vea, la extrañe.

Qué desazón, mi amargo Dios, sin escrúpulos me dejas ir y sin ningún picor la dejas a ella ahí tirada, promovedora de esa imagen que hace muy a mi pesar, querer ir a buscarla por doquier. Buscaré, pues, su sonrisa contagiosa en las tardes de melancólica molestia, sus labios rojos en mis cándidos momentos de tranquilidad y sus bellas caderas para soportar este amor.

Y es que la quiero y es tan hondo lo que de mi la separa! y es que la necesito que mis fuerzas parecen renovarse solas y por completo cayendo el tiempo en mis recursos! Y es que no confío en mi cielo, yo solo veo mi rosa crecer en ese jardín dorado, la veo y me incita a cuidarla, a protegerla de su propio Ello. 

Me voy sintiéndome en espantoza soledad, aprovechando los últimos momentos recientes saboreándolos con toda mi esencia y valorando cada centímetro de cuerpo que voy moviendo. Es que cuando ha razgado mi camisa me ha hecho perder la razón, ha dejado a mis anhelos jugando canicas y perdidos en medio de una playa abarrotada de sol, y lágrimas.

Ya no sé si quiero verla, pues incrementa mi estado sensitivo cuando se acerca, mis pulmones parecen desobedecerme cuando me encuentran sin aire y mis órganos cuales todos se ponen inoportunos.

Se acerca y me sonríe, una vez más. Yo quiero abrazarla con mi alma en ese sencillo momento, pero ella no sabrá jamás de la gratitud que por mi corre cuando ella existe. Se me ha resultado tan necesaria! 

-Suéltate, que no te importen los otros. Me dice, alegremente en su acobardada ironía. Yo no sé qué responder, aunque lo piense calculadamente e intente resumir mi objetividad en algo inteligente. Consigo sacar de mi un silencio borbotón que innunda el momento y pone a mis mejillas coloradas, ella, fija su atención en un punto lejano al otro lado de la ventana vidriada, transportando su mirada al ras de esta embarazosa situación. Siempre sabe qué hacer   y es ello lo que me deja poco cobarde a la hora de amarla.

Ahora cuando la amo, estremece su pecho junto a los latidos de mi corazón, quema el suelo mientras corre por mi mente buscando cegar la realidad, lo consigue y a pesar de ello lo sigue intentando, dejando detrás simplemente nada, borrando recuerdos y abasteciéndose de ellos. calma mi sed y de a ratos la provoca. 


Couldn't sleep . . . all night 'cause i'v been thinking about you
La sensación de gratitud se vuelve aún más inmensa cuando con su dulce voz repite lo que en sueños no venía escuchando: un susurro que dice: mi amor, despierta!