Traería alguna que otra bebida para refrescarnos del calor,
aunque corría alguna que otra brisa molesta que hacía despeinar mi cabello y
poner mis nervios a sacudir . . . las bebidas estaban sobre la mesa y era
inevitable comenzar a degustar de lo que pronto haría que olvide lo fanfarrona
que se ponía a estas alturas, la vida misma.
Yo tenía por esos momentos una madurez similar a la de un
chimpancé las bebidas iban y venían como flores de papel crepé en un desfile de
primavera . . . miraba la situación desde mis adentros de de manera sosegada,
de echo había compuesto una serie de reglas conmigo misma para no seguir
comportandome como una niña, como una tonta. Debía de regresar a casa sin
cargos de conciencia, y lo más sensato parecía tener que sabotear mi inocencia
con trucos de sosería e insensata sensiblería: estar pero no parecerlo. . .
sentir, pero no demostrarlo.
Tenía una remera de mangas largas con una inscripción en el
frente que supo detenerme algunos cautivantes segundos mientras intentaba
descrifrarla, decía Attacante. . . y yo,
una remera blanca que dejaba como pocas veces entrever mi ombligo y dejar mis
caderas al descubierto, no me importaba, porque mientras bailábamos un clásico de
los ochenta, me miró y dijo que la vida era hoy. No sabía que era tan mortal,
desde ese día no dejo de pensarlo y aunque sé, nosotros somos imposibles, ocupa
un lugar importante dentro del vacío que han dejado algunos viejos y falsos
amores.
| Don't you know |
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