martes, 20 de marzo de 2012

Ácido

Nacía el otoño clasificador en un abismal y roto verano que había arrasado con todo. Tenía delante de sí su propia agenda, regalo de su padre en algún invierno, años atrás. . . y tenía que buscar un equilibrio entre la paz y el amor, cosas que nunca encajaban juntas, junto con la palabra "equilibrio". Era una búsqueda o un comienzo, a la vez en que todo significaba un renacer, un vals en el que bailaba sola, pero acompañada de estímulos y gotas de abrigo.


Lejos de sus tierras natales, pensaba: sería tan fatal no regresar jamás? Esa era una pregunta que circundaba generalmente sus ligeros pensamientos, mientras la falta de companía y la posible palicez de companías innecesarias aparecían. Cigarros y alcohol, música y pastillas de sosería. 


Había que comer verduras para que el cigarro no influya como atrevido estimulante ante la sana alimentación, pero era tan atractivo el humo circundante que costaba restarlo de la dieta. Y el alcohol? podía ella armar las valijas mientras una copa de vino espeso acompañara su anochecer, había tan poco por hacer que una dosis al corazón no afectaría. 


Escribió mucho acerca de la salud, pero era evidente que mientras lo hacía escapaba de esta ardiente necesidad. Latente. Necesaria.


La soledad venía a invadir y no había artillería alrededor. El corazón latía y latía y los estímulos se precipitaban, callaba una sonrisa en lugar de un paseo por el arcoiris, callaban los rumores y la ciudad se iba durmiendo despacio. Las emociones dormían en el lugar donde yacían desde que un corazón intrépido y mortal se lo llevó todo. Quedaba un solo de blues y mi corazón era puro rock and roll.







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