Había bastado
la sobremesa ya hacían unos cuantos vasos de vino. Ella manipulaba una copa
espesa dando besos a la luna mientras vestía un vestido de voile estampado con entalle en la cintura.
Él, sospechaba que su actitud era lo suficientemente justa pero lo
espantosamente verdadera como para alejarla, a ella, distante y apasionada.
Bajo los pies
temblorosos de ambos, una alfombra color bordó con estrafalario decorativo
rococó promovía aún más la espantosa escena de una pareja que nada tenía que
ver con lo normal.
Lo normal es
relativo, dijo el. Y ella sonrió acomodando una mueca de irresistible encanto.
Su cabello transmitía los rayos de luz que la habitación mezquinaba, y la
sonrisa de él, apaciguaba la terquedad y la soberbia cargada de ese ambiente
efímero y salvajemente suave.
Ella provenía
de una familia de tipo común, tenía un padre del cual había heredado algún que
otro propósito de vida, como la moral o como el cuidado hacia las normas de
tránsito. . . y una madre de la que no había calcado parecido alguno; sus gestos
físicos podrían ser quizás opuestos y ni siquiera sus gesticulaciones podrían
acercárseles a las de una dama con acento presuntuoso, sus rasgos no eran en
absoluto pares y es que ella no había sido genéticamente parecida, de no ser
por el caminar . . . la manera de deslizar su andar por los suelos de sus
tierras y esa manera altiva de recorrer los caminos ajenos, era lo único, pero
lo único, que había de tener de parentezco.
De él no
podíamos arrancar una sola frase sin decir quizás. Era tan poco probable pero
altamente capaz. Dudar de todo. Titubear. Con él nada parecía coordinar. Era
tan fuera de lo común. Estaba más cerca de lo que vive
una persona dentro de un cinema o bajo una parra en algún domingo de
septiembre, bajo lluvia de flores, que todo escapaba a los sentidos, y por
ende, a la razón. Fluctuaban entre el desasosiego del artista y la calma del
que no siente nada, emociones somnolientas de madrugada, en medio de una estela
de paz satírica y fugaz fascinación. . .era temprano siempre, pero la luna sangraba su último camuflaje y brillaba
a través de ese cabello, prometiendo que quizás, y sin que nadie necesariamente lo advirtiese, el tiempo
era lo que hacía posible cada posibilidad de lo tangible, cada sonido, cada
temblor. Sobre los hombros de él, ella cargaba una rica pasión, tormentosa de
besos y química para regalar.
Ambos
provenían de un lejano país comunista con políticas lo suficientemente
radicales como para no caer en un existencialismo fatal, el del abismo
atiborrado de espacios morados donde abanicar una selección de armas de fuego,
en ligas de terciopelo blanco balanceadas por el susurro del viento en el
balcón de corrientes, el del departamento de la abuela, herencia única de
familia, y perfecto lugar de placer para dos personas de no mas de tres décadas
de edad, en la cual una condescendiente brisa sería todo lo necesario para arrancar
amando la mañana que en vida efímera se había convertido hacia ya unos momentos
atrás en los cuales las ultimas
estrellas renegadas habían dejado de habitar el paisaje nocturno que había de
esfumarse paralizando el cielo en un celeste fresco, con aromas de frutos de
bosque y jungla, como las tan parecidas moras mojadas por el rocío que la
madrugada había esbozado con tanta naturaleza encima. . . no había tiempo para fatalismos ni para decir
amor, era momento de limones amargos y sabor a algodón pero teniendo dentro la paz, y la sobriedad
de un amor que de costado estaba siempre fijo, ya no habían momentos morados,
ni para el loco de amor. . . el del que lo deja todo por un solo momento más.
Estaban los dos solos y había que inventar la vida del modo que los poros de
ambos seres lo permitiesen . . . se durmieron olvidando la mañana. . . Mientras
ella escondía tras de su quietud la lealtad, y él hacía un ritual con su voz,
disfrazando el lugar con un terciopelo metálico, del color del hielo pero más
tibio que eso.
No llevo puesto paracaídas. ¿Vos?
¿Cuánto tiempo esperás
para venir a buscar lo que es tuyo?
Tal vez, no sea tuyo en realidad.
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por eso prefiero tener amantes sin derecho a coito, que se aguante, por algo será y podría escribir un libro argumentándolo con miles de referencias.
ResponderEliminarNo te preocupa parecer vulgar, cierto? Tomate el bondi a finisterre si no queré paliza esta medianoche .Aaaaaaaa.
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